Cuando haces todo bien y aun así no te sientes bien
¿Qué pasa cuando haces todo bien… y aun así no te sientes bien?
Es como intentar sanar un hueso roto haciendo ejercicio.
Puedes moverte, fortalecer, hacer todo lo que te dicen que ayuda… pero si el hueso no está en su lugar, si no está inmovilizado primero, no va a sanar.
Necesita un yeso.
Cuando haces todo lo que “debería” ayudar
A veces con la salud mental pasa algo parecido.
Hay momentos en los que haces todo lo que “debería” ayudarte:
- comes mejor,
- haces ejercicio,
- escribes,
- intentas meditar,
- vas a terapia,
- te rodeas de personas que quieres…
y aun así, algo no se acomoda.
Y empieza la frustración. Porque entonces… ¿qué más se supone que tienes que hacer?
El estado de amenaza
Desde algunos enfoques, como la Terapia Centrada en la Compasión, se habla de algo que hace bastante sentido aquí: el estado de amenaza.
Es cuando el sistema se mantiene en alerta. Como si algo estuviera por pasar, incluso cuando no está pasando nada.
El cerebro empieza a buscar peligro, a anticiparse, a prepararse para luchar, huir o bloquearse.
Y en ese estado, no es tan simple como “hacer más cosas que te hagan bien”. Porque no es solo un tema de hábitos. Es el estado en el que está funcionando tu sistema.
A veces hacer todo bien no es suficiente
Y aquí es donde aparece algo que a veces cuesta aceptar.
A veces, hacer todo bien… no es suficiente.
Como terapeuta, para mí también fue difícil hacerme esa idea. Porque una parte de mí creía que todo se podía trabajar desde la terapia, desde el proceso, desde entender, resignificar, sostener.
Hasta que me encontré en un punto en el que estaba haciendo todo eso… y aun así no estaba bien.
En una conversación —de esas que se quedan dando vueltas— alguien me dijo una frase que me hizo mucho sentido:
“Es como querer curar la ceguera haciendo yoga.”
Y aunque suena exagerada, apunta a algo importante: a veces no se trata de hacer más, sino de entender qué necesita tu sistema en ese momento.
Estabilizar antes de rehabilitar
Volviendo a la metáfora: no puedes rehabilitar un hueso que aún no está en condiciones de moverse. Primero necesita estabilizarse.
En algunos procesos, cuando hay mucho desborde, mucha ansiedad, mucha activación sostenida, la medicación puede cumplir ese rol.
Como un yeso.
No es la solución completa. No es para siempre. Pero puede ayudar a que el sistema se regule lo suficiente como para que otras herramientas —como la terapia— realmente puedan hacer su trabajo.
Esto no es solo una idea. Sabemos, desde la evidencia, que en estados de ansiedad, depresión o estrés crónico, el sistema nervioso puede quedar en una activación constante, con cambios en la regulación de neurotransmisores y en circuitos como la amígdala, que está involucrada en la respuesta al miedo.
Y en esos casos, la medicación no reemplaza el proceso. Lo acompaña.
No es rendirse
No es que “no pudiste”. Es darle a tu cuerpo las condiciones necesarias para poder salir de ese estado.
Porque a veces no se trata de esforzarte más. Se trata de dejar de exigirle a tu sistema algo para lo que, en ese momento, no está preparado.
Y eso también es parte de cuidarte.
A veces el proceso no es hacer más, es sostenerte de otra forma.
Referencias
- Gilbert, P. (2009). The Compassionate Mind. Constable & Robinson.
- LeDoux, J. (1996). The Emotional Brain. Simon & Schuster.
- American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed., text rev.).
Si te sentiste identificada
A veces lo que sentimos no tiene un nombre claro. En Terapia Raíz acompañamos a personas que viven ansiedad, agotamiento emocional y autoexigencia a comprender lo que están viviendo y construir una relación más amable consigo mismas.
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